Cómo es comer a ciegas: el placer con los ojos cerrados

Una comida que estimula los sentidos

La invitación a una "cena consciente" terminó siendo una puerta abierta a una auténtica comida a ciegas. Los sabores, las texturas y los sentidos al poder. Conoce más sobre esta experiencia.

La invitación a una "cena consciente" ya resultaba sugerente. No había menú indicado ni muchas palabras adicionales. Sólo el pedido de que quien decidiera ir, fuera abierto a vivir una experiencia atrapante. Y así fue que hacia allí me dirigí, sin tener la más mínima idea de que me iba a topar con la primera cena a ciegas de mi vida.

Llego al lugar y algunos de los comensales ya arribados charlaban con los organizadores. Se completó el cupo y nos invitaron a pasar a una especie de cuarto. Las luces se iban apagando, las fragancias se encendían y la música suave, relajante, dominaba el austero entorno.

De a uno fuimos invitados a pasar a la sala principal, donde la anfitriona, en bajísima voz nos susurraba que nos iba a vendar y nos ubicaba en uno de los lugares dispuestos para la ocasión. Así, hasta completar a toda la concurrencia.

El paso siguiente fue inducirnos a la relajación, disfrutando de la música y estando estimulados como para que nuestros sentidos se abran. Y llegó el plato. "Aquí tienes el plato y aquí tienes el vaso", te indicaban mientras arrastraban tu mano para que puedas sentir dónde estaba ubicada la comida.

Segunda sorpresa: la cena no sólo era a ciegas, sino que sin cubiertos. Era cuestión de ir tocando lo que había sobre el plato para descubrir las cosas antes de llevarlas a la boca. Tratar de adivinar con las manos, jugando con las texturas e imaginando. La temperatura y lo que uno intuía de antemano hablaba a las claras: un plato crudivegano.

Una a una, los alimentos iban llegando a la boca. Aceitunas negras, tomates cherry, una rodaja de limón, hongos de pino remojados, zucchini o calabacín cortado en fina juliana y macerado en limón, unas bolitas de queso de semillas y crackers raw eran los integrantes de un plato que fui descubriendo poco a poco, saboreando, dejando volar los sentidos y tratando de imaginar con lo que uno se encontraría.

Sobre el final, nos quitaron las vendas y ahí cada uno fue contando lo que sintió de una experiencia tan desconcertante como atrapante, que sin duda alguna toda persona tendría que vivir. Además, comer con las manos, si bien es algo que no haría a diario, fue un claro acierto para conectarnos con la comida de otra manera.

Ya con los ojos descubiertos, charlamos un rato más, café de mistol y mousse raw de dátiles mediante, como para seguir intercambiando aspectos sobre alimentación y el énfasis puesto sobre la comida cruda, llena de nutrientes. La misión estaba cumplida: se pasó una velada que, en mi caso, me reveló una interesantísima experiencia.

Comer a ciegas

¿Te animas a vivir esta experiencia en tu casa? Es algo completamente posible y factible. Puedes hacerlo con cualquier tipo de comida, siempre que pienses que se pueda comer a ojos cerrados. Genera un clima, estimula los sentidos. Trratata de escoger comidas que jueguen con los aromas, con las texturas. Incluso cosas que al tacto puedan parecer similares, para "confundir" a tus invitados. ¡Anímate! Es una grata experiencia.

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