Historia de la Medicina Natural

Medicina Natural

El origen de las ciencias médicas se pierde en la noche de los tiempos, confundiéndose por una parte con el empirismo y por otra con la superstición.

La representa Esculapio, Higea, Minerva y Apolo médico, sus principales símbolos son, el bastón de nudos que indica las dificultades ante la ciencia, una serpiente enroscada en el emblema de la salud, además de la capa como expresión de la vigilancia, el gallo y la templanza, el freno y la brida. Aparece coronada con hojas y flores medicinales y sustentando en la mano la estatua de la naturaleza; objeto de todas las observaciones, a sus pies se colocan libros en los que se leen los nombres de Hipócrates, Galeno, Avisena y Averroes, médicos celebres de la antigüedad y la edad media.

El origen de las ciencias médicas se pierde en la noche de los tiempos, confundiéndose por una parte con el empirismo y por otra con la superstición. El primero dio nacimiento a la medicina popular; hija de la observación rudimentaria de los fenómenos de orden médico observable todavía entre los pueblos salvajes. La superstición dio lugar a la medicina Sacerdotal, que aparece en las primeras edades de todos los pueblos y que se explica también por la mayor ilustración de los ministros del culto respecto a una masa popular ignorante.

En Grecia comienza con el carácter mitológico personificado primero en Apolo y después en Esculapio y su hijo. Los poetas como Pindoro atribuyen las ciencias médicas de Esculapio al centauro Quiron su preceptor, también se mencionan como divinidades médicas Espiones la mujer de Esculapio y sus hijos, Higea, Jasson y Panasea, la leyenda afirma que Macaón y Podalidio hijo de Esculapio asistieron a los griegos en el sitio de Troya, por entonces la medicina se limitaba a arrancar flechas; puntas de lanzas; cohibir hemorragias y aliviar el dolor.

En cuanto a los Asclepiades médicos, se establecieron en la vecindad de los templos como centro de observación de casos clínicos asociados a sus estudios, por otra parte filósofos y matemáticos como Pitagoras; se ocupaban también de la medicina; fundando algunas escuelas tan celebres como la de Crotona en la antigua Grecia vascular, atribuyese a Demócrito un tratado a cerca de la rabia, y otro sobre la influencia terapéutica de la música.

Toda la época griega pre Hipocrática fue sin embargo de escasa influencia sobre la evolución científica de la medicina Helénica.

Para iniciar la historia del vitalismo en medicina debemos remontarnos a un personaje nacido en el siglo V antes de Cristo, médico como Hipócrates, poeta como Orfeo, matemático como Pitágoras, físico como Demócrito; a quien admiraron hombres de la talla de Platón y Aristóteles y a cuya sabiduría canto Lucrecio, nos referimos a Empedocles nacido en Agrigento, Sicilia y de quien la tradición dice que se suicidó arrojándose al Sena. Además de afirmar que los fenómenos naturales corresponden a la mezcla de cuatro elementos externos deificados ( el fuego: Júpiter, el aire: Juno, el agua: Nestis, y la tierra: Plutón). Admitía ya antes de Hipócrates que los semejantes eran atraídos por los semejantes.

El principio supremo que rige la formación del mundo a sido llamado por Empédocles el verbo de la razón, y su doctrina admite que los contrarios se rechazan y que los semejantes son atraídos por los semejantes siendo el fundamento filosófico de las dos grandes tendencias que ha seguido la medicina.

La visión de Hipócrates revela un poderoso genio que iluminó toda una época, el criterio racional y natural de Hipócrates se revela en la dirección de la enfermedad, esta se presta a la observación clínica y mediante sus discersiones tan completas poco es lo que se a añadido a ellas por la ciencia moderna. Entre las causas de las enfermedades incluye: la herencia, los defectos del régimen, el clima, el suelo, las aguas, los vientos y la temperatura. Concediendolegran importancia a la balneación, los ejercicios físicos, la dieta, describiendose las sangrías, las escarificaciones y las ventosas, lo propio de diversos instrumentos quirúrgicos, atribuyendo gran importancia al pronóstico y estableciendo reglas generales para el mismo.

Con gran justicia se ha designado como el padre de la medicina a este gran médico, nacido en Coss; pequeña isla de Egeo, del archipiélago de las Esporadas, según se deduce por el año 460 a. C. hijo de Eraclito; también médico y a su vez hijo de otro médico llamado Hipócrates. Abuelo y padre fueron los primeros maestros de Hipócrates designado como “el Grande” , contribuyeron a su formación, además Georgias y el gran Demócrito.

Se le hace descender de Asclepio (Dios mitológico de la Medicina) y desde luego de los Asclepiades, que constituyeron la principal escuela médica de su tiempo en la isla de Coss.

Se dice que a los 13 años comenzó sus estudios de medicina por su inteligencia y mérito estudioso excepcional se le abrieron las puertas en el templo de los Asclepiades. Después de 4 años de estudiar en él se fue a Egipto, a Menphis y Canápe para terminar su formación al parecer fue iniciado por Pitágoras; que además de filosofo y matemático fue también médico, y versado en enfermedades aún desconocidas en Grecia, viajó además, por diferentes islas del mar Geo.

Se estima que este hombre de extraordinaria inteligencia murió para algunos a la edad de 85 años y para otros a los 109 en Larisa. Dejó una obra compuesta por 53 escritos que fue recogida por sus discípulos en el Corpus Hipocraticum.

Incorpora la atendida fórmula de Empedocles y aplicando el criterio de que los semejantes atraen a los semejantes le dio una utilidad médica que sintetizó en su aforismo Similia Similibus Curentur.

Lo que más se admira en la obra de Hipócrates es su gran capacidad de observación, que le lleva a definir con gran acierto el proceso de la enfermedad, considerándola como un estado existencial muy similar al de la salud, puesto que en ambos la naturaleza se muestra como un todo, produciendo las reacciones que se verifican en las enfermedades, como salvaguarda de la salud. “La naturaleza es el médico de las enfermedades”.

Para Hipocrates el “PRIMUN NON CERERE” (ante todo no hacer daño) es el precepto inicial y fundamental, traducido en velar porque la terapéutica sea oportuna, que no sea ilusoria; fantástica ni abusiva.

Fue especialmente un hombre virtuoso o más un sabio. Sus biógrafos se refieren a el adornado en hermosos dones por la naturaleza. Se preocupó por la dignidad de la profesión estableciendo severas bases deontológicas para el médico. Sócrates y Platón reconocieron su autoridad y le enviaban a aquellos que pretendían ser médicos.

Como hombre genial Hipócrates desarrolló el más concienzudo análisis y expuso la más congruente y utilitaria síntesis de todo lo que constituye el proceso patológico. Observando la relación integral de todas las reacciones del ser humano e insistiendo siempre sobre la necesidad de ayudar a la naturaleza y estableciendo el inicio de la antropología y la biotipología, clasificando a los individuos de acuerdo al predominio de sus humores; predominio que marcaba la constitución de la predisposición de cada paciente.

Reconoció que el principio de contrariedad era aplicable en medicina especialmente para las afecciones resultantes de noxas evidentes obrando sobre el exterior y considerando siempre la fuerza vital o “dinamis actuante” en el ser humano y la relación de similitud de la acción de las drogas con la del proceso patológico.

Por eso precisamente, el “ VIS MEDICATRIX NATURA” reconocido por toda la terapéutica, tiene su corolario más lógico en el Similia Similimbus Curentur “lo que cura la estranguria, produce también extranguria; lo que produce la estranguria, cura también la estranguria”.

Nos da el concepto de la “PHYSIS” como fuerza vital que anima y produce todos los estados de existencia en sus diversas variaciones, la fuerza vital conservadora y parte de la naturaleza toda, conceptuada como diversas energías actuantes en forma concurrente, en la reacción de la totalidad del cuerpo humano y de la enfermedad como un proceso encaminado a eliminar el desequilibrio y volver a la salud, Hipócrates es indudablemente el genio de la medicina naturalista.

Los sucesores de Hipócrates como Diocles, Prasagoras, Dexipo y Filistion se entregaron más que su maestro a la idea sistemática y sobre todo al naturismo. La tradición Helénica se continua en Alejandría donde brillan los nombres de Erofilos y Erosistrato entre el empirismo y el dogmatismo mecánico. No tardó en fundarse con el hombre de Dogmática una escuela que pretendiendo seguir las tradiciones Hipocráticas la desvirtuó con una serie de fantasías y especulaciones.

Areteo de Capadocia representa después de Hipócrates la autoridad Helénica más eminente de esta medicina careciendo empero de doctrina especial lo que le hizo quedar relativamente olvidado a pesar de sus notables dotes.

La medicina Romana comenzó siendo en parte Terúrgica y en parte Empírica, no tardando con los progresos de la civilización en sentir la influencia Helénica. A partir de la época de las guerras púnicas aparecen ya numerosos médicos griegos, el más célebre fue Aclepiades, sin embargo, no adquiere su verdadero carácter hasta Galeno que hizo extensos estudios en anatomía y resumió los conocimientos terapéuticos de la época, resumiendo pacientemente las obras de Dioscorides, Filón de Tarso, Escribonio Largo, Sestionigele y Andromaco. En patología fue partidario de la escuela Hipocratica.

Galeno fue un verdadero renovador y un doctrinario que imprime a la medicina Helénica un sello original, después de este, acabó el período constitutivo de la medicina para comenzar lo que puede llamarse conservador.

El período neolítico que abraza la época gótica, lombarda y francesa no se caracteriza por ninguna obra de mérito relevante. El foco de la cultura médica más célebre de la primera edad media es la escuela de Salermo que se supone nacida en el siglo VII donde existió un centro internacional de cultura médica. Entre los autores más célebres figuran Gorioponto, Constantino el Africano, Guillermo de Volonia, Salomón el Hebreo y célebres mujeres como Trotula, Abella, Constanza Calenda y Rebeca Grionma

Recorriendo los senderos de las ciencias médicas, encontramos un individuo nacido en Eisendeln, Suiza, el 10 de noviembre de 1493 viviendo hasta 1542, controvertido personaje que respondía al nombre de Aureolus Filippus Theophastus de Bombastro, sé autodenominó Paracelso, y se caracterizó por una doble rebelión contra las arbitrariedades de la medicina de su época.

Nace en un mundo de plena efervescencia cuestionadora y renovadora, su nombre brilló junto a otros como los de Leonardo D´ Vincy, Rafael Sancio, Leonardo D´Donatello y Miguel Angel Bonnaroti, en los tiempos del renacimiento, luchó a brazo partido contra los principios de la medicina Galénica, constituyendo un verdadero puente entre Hipocrates y Haneman.

Entre sus aportes a la Medicina Natural tiene como mérito ser el fundador de la Balneología médica al escribir un folleto sobre las propiedades medicamentosas de las aguas del río Taminia; escribió el primer libro de medicina industrial de la historia; publicó un tratado sobre medicina Magna y un tratado de filosofía de las siete defensas, entre tantas obras que requerían de muchos temas para documentarlas.

Como se ha podido evidencia en todas las épocas a las cuales se ha hecho referencia, la medicina a gozado de una gran tendencia naturista, imprimida por los fundadores de cada escuela como figura prima en el desarrollo de esta ciencia a lo largo de los años.


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Gladys González

Superé un problema de lenguaje, después de una larga enfermedad y al final una isquemia cerebral, a partir del único promotor de células madre Adultas, el cual restableció mi salud definitivamente.
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