Los hijos ante una nueva relación sentimental del padre

Los hijos ante una nueva relación sentimental del padre

¿Cómo hablar a mis hijos de una nueva relación?

01/09/2007 Los que más sufren los efectos de una ruptura matrimonial o la muerte de uno de sus progenitores son los niños. Sin embargo, otro momento difícil viene dado cuando, pasado el tiempo, ...

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Los que más sufren los efectos de una ruptura matrimonial o la muerte de uno de sus progenitores son los niños. Sin embargo, otro momento difícil viene dado cuando, pasado el tiempo, el hombre o la mujer emprende una nueva relación amorosa y, de hecho, la reacción de los hijos suele suponer un freno para que dicha relación se convierta en duradera y seria.

Son dos situaciones que, si en principio parecen análogas, presentan importantes factores diferenciadores. Cuando la nueva relación la emprende una persona divorciada, los hijos suponen un freno para el futuro de dicha relación porque suelen acaparar toda la atención del padre o madre. Por otro lado, la implicación del “intruso” o “intrusa” en el círculo familiar se antoja tarea difícil, muchas veces titánica.

En el caso de un viudo o viuda, su nueva pareja se encuentra con una figura inquebrantable a la que los hijos interpretan que el “intruso” pretende sustituir, lo que constituye una muralla difícilmente franqueable. Por ello, ganarse la confianza y cariño de los hijos de la pareja sin pasar a terreno prohibido puede resultar tremendamente estresante y duro. Realmente, tanto en el primer caso como en el segundo, el nivel de dificultad es mayor cuanto menor es la edad de los niños, si bien la adolescencia marca otro punto difícil donde los haya en este sentido.

El primer paso debe ser anticipar a los niños la llegada de una nueva persona importante para el padre o madre, ya que las sorpresas en este campo no son nunca bien acogidas por parte de los hijos.

La clave del éxito está en una capacidad de comunicación afectuosa que muestre una paciencia sin límites. La conquista debe ser lograda poco a poco y con grandes dosis de sinceridad. No vale “comprar” el afecto con regalos o favores, cuyo efecto se borra en muy poco tiempo y consiguen generar incluso desconfianza, porque denotan desinterés. En esta comunicación afectiva debe imperar el respeto al espacio privado de los niños. En pocas palabras, nunca debe traspasarse ciertas fronteras sin el permiso del niño.

LAL/AGENCIAS

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