El perfume, ese sensual objeto de deseo

El perfume, ese sensual objeto de deseo

Objeto de deseo y sensualidad.

02/11/2007 La historia del perfume, esa exquisita fragancia de origen natural o sintético, es tan antigua como la humanidad. Desde las más antiguas civilizaciones, los perfumes han servido de ofrendas a los dioses, poción mágica, ...

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La historia del perfume es tan antigua como la propia humanidad.

El perfume siempre ha sido un objeto de deseo y sensualidad desde las más antiguas civilizaciones. Sus usos también han sido múltiples y han servido en infinidad de ocasiones para ceremonias religiosas, diversos rituales tribales, ofrendas religiosas (como en el Antiguo Egipto, Mesopotamia, Grecia) o incluso para curar determinadas afecciones o patologías así como elemento capital en el apasionante mundo de la seducción.

El perfume también ha sido utilizado por diversas culturas como elemento de intercambio y normalmente era considerado un signo de la aristocracia y de las clases altas, como elemento de poder y status social. Además, un buen perfume ha sido siempre un objeto probado de deseo y un elemento característico de una determinada cultura social.

Durante la Edad Media y muy relacionado con la monarquía y la corte francesa, los perfumes adquirieron su significado más sensual; momento en el que proliferan los baños con fragancias entre las altas clases sociales. Con el paso del tiempo, la cosmética francesa se ha ido asentando como una de las más variadas y cotizadas del orbe.

Hoy en día, el perfume es uno de los elementos más ligados a la atracción sexual y resulta imprescindible en todo lo que tenga que ver con la higiene y el aseo personal. Así, las firmas de cosmética guardan secreta y sigilosamente sus miles de pócimas y aromas para conseguir los perfumes más codiciados. De ahí que existan en el mercado más de 3000 fragancias, con las tonalidades y olores, más diversos.

Las acuáticas evocan el agua del mar o el aire. El ámbar es otra de las notas cálidas de las fragancias más actuales. La lavanda, artemisa y romero componen la familia de los aromáticos. La vainilla y el benjuí entran dentro de los balsámicos. La nota de cuero se obtiene a partir del abedul y el alquitrán. Las florales utilizan la rosa, clavel, gardenia, jazmín, orquídea, geranio, petunia o azaleas, mientras que las herbáceas proceden de la albahaca, menta y mejorana. Las frutales, utilizan el melocotón, manzana, mandarina, melón o piña. La familia de las hespérides comprende los aceites esenciales de frutas como la bergamota, mandarina o limón. Las maderas son de cedro, pino, sándalo y musgo.

LAL/AGENCIAS

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