Los atramentos, llamados en Al-Andalus “almácigas”, son tinturas espagíricas especialmente preparadas para ser usadas como tintas terapéuticas.
La aplicación de este sistema altamente sofisticado pone a los kémicos andalusíes en el más alto nivel científico. Una esmerada preparación caligráfica (el adiestramiento en la llamada “ilm al-qalam” o “ciencia de la pluma”, y el manejo eficaz de las siete fuerzas arcanas dela naturaleza, permitían al “hakim”(*), o “kémico” medieval trazar en papel o en pergamino los caracteres precisos con los “atramentos” adecuado a cada caso.
El agua o el suero de leche “desleían” después los trazos y conformaban así un remedio personalizado en el que intención ( “niyya”), onda de forma (“jit”) y fuerza natural extraída de la planta (“yinn”), actuaban al unísono para restablecer la salud del paciente.