Los monasterios trapenses: el sitio donde la cerveza evolucionó
Historia de la cerveza: la importancia de los monjes trapenses
Durante un largo tiempo, quienes mantuvieron viva la tradición cervecera fueron, ni más ni menos, que los monjes. Los monasterios de la órden trapense, que autoriza el hecho de beber y que obliga a los monjes a vivir del trabajo de sus propias manos, fueron en gran parte los responsables de que la cerveza haya ido evolucionando hasta nuestros días.
Durante la Edad Media, serían los monasterios quienes se encargarían de perfeccionar las recetas que desde Europa habían arribado. Poco a poco, fueron evolucionando sus recetas, mejorando el aspecto y, sobre todo, el sabor y el aroma de la bebida. Ya desde tiempos remotos, los monjes dejaban sentadas múltiples referencias hacia el delicioso brevaje. Incluso descubrieron el lúpulo como método de conservación.
Tal es así, que en el año 1079, la abadesa Hildegarde de St. Ruprechtsberg nombra en un escrito el poder antibacteriano del lúpulo y apunta que la cerveza aromatizada con lúpulo se conserva mejor que la que no lo utiliza. De ese modo, ésta se convertía en la mención escrita más antigua de la utilización del lúpulo en la elaboración de la cerveza.
Años después, los alemanes, con Guillermo IV a la cabeza, harían el resto antes de la etapa industrial. Pero los monasterios proseguirían elaborando excelente cerveza. De hecho, hoy día los monjes trapenses han mantenido esa tremendamente saludable costumbre de hacer ese noble y delicioso brevaje.
Juan Esteban Jorge
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